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Cómo controlar las malas hierbas en tu jardín

Uno de los problemas más frecuentes y fastidiosos que encontramos en el cuidado de nuestros jardines es la aparición de malas hierbas. Además del deterioro estético que supone en nuestro terreno, tiene consecuencias negativas en términos de cosecha y, a menudo, conllevan el surgimiento de plagas y enfermedades que pueden acabar con el resto de plantas de nuestro jardín. En primer lugar, las clasificaremos en dos grupos:

Malas hierbas anuales

Se trata de malas hierbas que experimentan un ciclo de vida concreto, es decir, que germinan, crecen, sueltan semillas y luego mueren. Su principal problema reside en la regeneración de las semillas que caen al suelo, volviendo a reproducir el ciclo completo. Para acabar con ellas hay que aplicar herbicidas de primera calidad, que generarán una capa que impedirá el crecimiento de la nueva planta, acabaremos definitivamente con las molestas malas hierbas.

Malas hierbas perennes

También llamadas malas hierbas vivaces, nos ocasionan más problemas que las anteriores. Su principal inconveniente es que, si tratamos de arrancarlas, ya sea con la mano o con algún utensilio de botánica, como la desbrozadora o la azada, solamente conseguiremos extraer la planta exterior y no la raíz, por lo que, aunque en apariencia nuestro jardín estará sano y estéticamente bonito, eso sólo será una ilusión; en realidad la planta perjudicial se mantendrá intacta en la tierra. Para solucionar este problema hay que llevar a cabo una minuciosa labor de aplicación de herbicida de tipo sistémico sobre las áreas del jardín afectadas, para eliminar directamente la raíz y poner fin a las malas hierbas.

Un mantenimiento efectivo y continuado de nuestro terreno será más beneficioso que el posterior exterminio de las malas hierbas.

Fuente original | donjardin.es