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Cuidados básicos y mantenimiento del jardín

Si disfrutas de un jardín en tu casa deberás tener en cuenta una serie de elementos que facilitarán y mejorarán su mantenimiento.

Debemos partir del hecho de que la jardinería se basa en el ciclo de las cuatro estaciones. Es importante entender cómo funcionan porque son las que nos van a ir marcando el ritmo de trabajo y las operaciones a realizar. No es necesario tener un conocimiento profundo, es suficiente con estar familiarizados con su funcionamiento básico, ser muy observadores y dejarnos llevar por nuestra intuición, pero también es necesario tener tiempo para poder dedicarle a tu jardín, ya que para mantenerlo en buena condición se requiere poder dedicarle unas cuantas horas de forma periódica.

Ya seas tu el que decide ponerse los guantes y trabajar tu huerto o jardín, o en el caso que decidas contratar a un jardinero o paisajista para que te mantenga tu finca, es importante que conozcas las tareas que son necesarias llevar a cabo para que tu jardín o huerto luzca hermoso en cada temporada.

En invierno se suelen realizar las tareas de limpieza, ya que es un período de inactividad para las plantas,mientras que justo antes de primavera es cuando debemos empezar a plantar. La primavera es la estación más intensa ya que coincide con el inicio de la temporada de floración, momento en el cual las plantas recuperan la capacidad biológica que tuvieron dormida durante el invierno. Los meses de verano y otoño son los meses de refuerzo.

Debemos tener presente que las estaciones no son iguales en todo el territorio español, dependiendo de en qué parte del país nos encontremos la primavera llegará antes o después y los inviernos serán más duros o más suaves.

Aunque las tareas de mantenimiento de nuestro jardín dependerán en gran medida de la configuración de éste, en lo referente a su inventario de árboles, plantas, céspedes y arbustos, podemos mencionar cuatro tareas fundamentales que no se pueden obviar en el mantenimiento del jardín: la siembra, el abono, la poda y el riego. Estas tareas se repartirán durante las distintas estaciones a lo largo del año.

Cuidados del jardín en Primavera

En zonas frías aún se puede practicar la poda en plantas de hoja caduca como rosales u hortensias a principios de primavera. En zonas cálidas solo se podarán las plantas de hoja perenne; en cuanto a las plantas de interior y de clima tropical es mejor esperar al mes de abril. También podemos seguir preparando el terreno si pretendemos añadir nuevas plantas a nuestro jardín, rastrillando, oxigenando y abonando.

El comienzo de la primavera también es un momento perfecto para la siembra de la grama, la dichondria y césped así como la resiembra de este último. Para ello escarificaremos y añadiremos semilla en aquellas calvas y esquinas donde se observen carencias provocadas por las heladas o la falta de riego. También lo abonaremos y lo fumigaremos si fuese necesario para evitar las molestas plagas, frecuentes en esta época. De esta manera llegará al verano en las mejores condiciones para resistir las elevadas temperaturas y la mayor sequedad del terreno.

En general, incrementaremos el alimento en forma de riego y abonos más completos para que nuestras plantas tengan suficientes recursos para crecer, florar y fructificar durante los meses venideros. Se debe abonar a finales de invierno y principios de otoño y es preferible usar abonos granulados de liberación lenta o abonos orgánicos compostados que aporten nitrógeno, azufre, calcio, magnesio, fósforo y potasio.

Durante la primavera iniciaremos la plantación de flores de temporada como petunias, alegrías, tagetes y salvias que permanecerán en plena floración hasta bien entrado el otoño. Adelantando dicha operación en zonas cálidas y retrasándola en zonas más frías o con mayores inclemencias atmosféricas.

Es también la época de eliminación de malas hierbas que, ante el aumento del riego, la luz, la temperatura y el abono, no tardarán en aparecer invadiendo nuestro jardín a sus “anchas”. Para esta función, los herbicidas suelen ser muy útiles y los hay muy específicos como los que atacan solo a hierbas de hoja grande o plantas gramíneas pero tienen en contra que contienen químicos. Existen y se usan cada vez más, herbicidas de origen natural aunque suelen ofrecer un menor rendimiento frente a los químicos.

La extracción manual o mecánica quizás sea la más amable con el medio, pero se hace prácticamente inviable en jardines de considerable tamaño y en aquellos localizados en zonas más rurales donde la proliferación de las malas hierbas es mucho mayor. Un método intermedio y también muy eficaz es la utilización de mallas anti-hierbas sumadas a otros elementos como corteza de árbol, gravilla o canto rodado que además suponen un elemento decorativo muy versátil. Su principal inconveniente es la imposibilidad de aplicación en céspedes, el elemento más sensible a las malas hierbas de nuestro jardín, siendo sin embargo frecuentemente utilizado en parterres, isletas y perímetros.

Los parásitos y las enfermedades también suelen acudir favorecidos por el buen tiempo y la especial sensibilidad que las plantas presentan durante el crecimiento. Para evitarlo es mejor plantar especies que se adapten bien a las condiciones de nuestro jardín como por ejemplo, las especies autóctonas. Además, hay que tener cuidado y no crear un jardín ni carente de nutrientes ni con excesiva humedad. Si aún así aparecen estos compañeros indeseados, es preferible probar con la lucha biológica que recurrir a los pesticidas.

Según avance la primavera el jardín ganará en vigorosidad y esplendor, lo cual hará necesario la poda controlada de arbustos para darles forma y para oxigenar la parte interior de todas las plantas, garantizando de esta manera que la luz del sol llegue a todas sus hojas y evitando así que se debiliten favoreciendo la aparición de plagas y enfermedades. Además, con el avance de la primavera se podrán ir añadiendo plantas más delicadas como buganvillas, limoneros e hibiscus entre otras.

Mantenimiento del jardín y huerto en verano

Durante la etapa estival los trabajos se reducen considerablemente, siendo el riego, la poda selectiva y el control de plagas las tareas más relevantes.

El riego durante el verano es un elemento crucial en nuestro jardín. Para ahorrar energía y agua lo más recomendable son los sistemas de riego automático, debido a que permite un mayor aprovechamiento del tiempo y del espacio.

A mayores, se puede utilizar un programador de riego para poder dosificar la cantidad de agua y electroválvulas que permitan ajustar la cantidad por zonas ya que, por ejemplo, los arbustos no necesitan tanta agua como el césped.

Además, los programadores disponen de la función “lluvia” que evitan el exceso de agua, lo cual podría llegar a producir la aparición de hongos o la putrefacción de las raíces. Actualmente disponemos de opciones muy cómodas, como la aplicación móvil Hozelock, que ofrece un controlador de riego para mantener el riego continuado de nuestras plantas incluso cuando estemos de vacaciones fuera de casa. Existen muchos profesionales y empresas dedicadas a instalar sistemas de riego que pueden ofrecerte soluciones específicas para tu jardín.

Debemos además cortar las ramas que consideremos necesarias para evitar la malformación de nuestras plantas y eliminar los restos de flor.

Si nuestro cesped presenta manchas amarillas, podemos utilizar un abono especial para céspedes que le aporte magnesio
También es el momento para realizar la poda de verano que, aplicada a los cerezos, ciruelos, hortensias o rosales ayudará a la erradicación de enfermedades y a asegurar su floración.

Trabajos de otoño

Es buena época para podar si no hemos podido hacerlo a finales de invierno o principios de primavera pero eso sí, utilizando pasta cicatrizante para evitar enfermedades y plagas durante el invierno. Hacia el final de la estación también se suele realizar la poda de las plantas con flor, para asegurarse de que crecerán más el año siguiente.

Podemos además aprovechar estos meses para recoger frutos, flores caídas y hojas si nuestro jardín cuenta con árboles de hoja caduca.

Invierno en el jardín

El invierno es una época de escasa actividad para las plantas. Estas, en su gran mayoría, entran en parada vegetativa, así que podemos aprovechar para deshacernos de hojas y ramas secas.

En general es buen momento para podar pero habrá que tener en cuenta que a aquellos cortes con diámetros superiores a los ocho centímetros tendremos que aplicarles cicatrizantes si queremos evitar posibles infecciones y enfermedades.

En las zonas cálidas se puede empezar a podar los árboles de brotación temprana como los almendros, los ciruelos, los plátanos y las moreras entre otros. Para árboles y plantas de floración invernal como las mimosas, las carolinas y la phorsityas la poda se debe realizar después de la floración. Para el resto de especies es mejor esperar al mes de febrero.

Otra de las operaciones propias del invierno es aplicar tratamientos insecticidas y fungicidas así como entrecavar la tierra de macetas, jardineras y parterres para conseguir así las raíces.

Según avance el invierno podemos proceder a enriquecer la tierra con abonos orgánicos y en zonas cálidas incluso podemos ir sembrando. En las zonas más frías la siembra la realizaremos en interior para trasplantar a exterior a finales de invierno y principios de primavera. Las mejores especies para plantar en esta estación son los rosales o árboles de hoja caduca como el arce. También es un buen momento para plantar los esquejes de las podas de árboles y arbustos y las bulbosas como las anémonas que florecerán en primavera.

En definitiva, el invierno es la temporada para preparar a nuestras plantas para la primavera, para que alcancen la época de floración y el fruto de la forma más sana y estando bien fuertes.

Y este ha sido nuestro recorrido por las cuatro estaciones, una visión general que os ayudará a organizaros para tener un jardín o huerto en perfecto estado todo el año.

Fuente: domestiko.com